GRITOS EN EL SILENCIO

El fenómeno de los desaparecidos en la música rock argentina

di Silvia Favaretto, dottoranda in Studi iberici e Angloamericani presso l’Università Ca’ Foscari di Venezia.

 

 

Los estudiosos de los problemas conectados a la esfera de la comunicación, empezando por McLuhan[1], para llegar a Ong[2], pasando por Innis[3] y Averlock[4], han subrayado el hecho que los medios de comunicación, y entre ellos la radio con su programación musical, influencian la forma de pensar y también las sociedades. Aun la escuela de Francoforte se ha interesado en la comunicación de masas, y, entre ellos, en particular, Theodor Adorno, Max Horkheimer, y Walter Benjamin, el cual afirmó: “Los mensajes artísticos contribuyen o reaccionan a un flujo colectivo del imaginario” [5]. La música es entonces un proceso comunicativo que es formado por un destinatario del mensaje y un remitente: el artista escribe un texto en cuanto intérprete de un sentimiento común de la sociedad, a su vez el público aprecia las letras de una canción porque son la codificación de un pensamiento colectivo.

La música tiene seguramente su lugar privilegiado como instrumento comunicativo, y por eso se le pueden aplicar reglas y principios analizados más que por estudiosos de comunicación, por semiólogos y sociólogos también. En efecto, como afirma Moretti[6]: “Los géneros de masas tienen la función socialmente útil de orientar y modelar la percepción y el portamento”. A diferencia de la poesía o de las artes plásticas, instrumentos de comunicación más elitarios, que llegan a estratos más restringidos de la sociedad, la música logra divulgar mensajes de una forma seguramente más democrática. La especificidad de las letras musicales como forma de comunicación directa y eficaz con el público es evidente en la produción musical del rock argentino de las últimas décadas.

Las consignas militantes y los refranes políticos han dejado, hoy en día, el  papel de concientización social a los temas musicales producidos, en la Argentina trastornada por la crisis económica del siglo XXI, por grupos de jóvenes que han abrazado la causa de los derechos humanos y la reivindicación de justicia y dignidad. La misma Hebe de Bonafini, presidenta de la asociación Madres de Plaza de Mayo, ha justificado la intervención de las Madres en los recitales como necesaria para sensibilizar a los más jóvenes: “porque a los pibes los representan las bandas de rock”[7].

Las convocatorias de las Madres llegaron así a juntar a más de cien mil jóvenes apasionados de rock, pop, rap y metal, porque, como dicen, “las canciones son más poderosas que balas, porque cuando la música suena nadie siente dolor”[8]. Entre los conjuntos rock más famosos, invitados a tocar durante las celebraciones organizadas por las Madres o durante recitales de los distintos organismos de derechos humanos, encontramos bandas como “Los Fabulosos Cadillacs”, “Los Caballeros de la quema”, “Los Piojos”, “La Renga”, “Rata Blanca”, “Malón”, “Las Pelotas”, “Animal”, “Todos tus muertos”, “Divididos”, “Attaque 77”, “Bersuit Vergarabat” y “Actitud María Marta”. Este último grupo está integrado, por otra parte, por algunos hijos de desaparecidos. Entrevistada por una revista musical, Alicia Dal Monte, cantante de “Actitud María Marta”, declaró: “Hoy, a los 21 años del golpe, los asesinos siguen en libertad y nadie los molesta, la policía asesina sigue suelta para reprimirnos y cagarnos a palos, hasta nosotros mismos tenemos actitudes policíacas y actitudes que nos metieron en la cabeza, como si nos hubieran encarnado un microchip, que nos hace vivir plácidamente”[9].

Una experiencia parecida a ésta la tuvo el cantante de “Todos Tus Muertos”, Fidel Ernesto Nadal, el cual, entrevistado sobre su experiencia personal, dijo: “Cuando yo tenía 8 años entraron a la casa donde vivíamos y se lo llevaron a mi viejo. Imaginate lo que significa eso para un niño, que te revisen la casa, ir a visitar a la cárcel durante 4 años a un padre torturado, que los compañeros de escuela te digan «¿Dónde está tu papá? Tu papá es malo»”[10]. Veremos más adelante otros casos de músicos comprometidos con este tema, pero ahora prestemos atención a algunos textos representativos de los distintos estilos de música.

 “Actitud María Marta” es un conjunto de música rap rioplatense. Entre los textos analizados, éste es seguramente la forma de expresión más brutal y directa en contra de los responsables de los asesinatos. Las letras, gritadas por Alicia Dal Monte y Malena D’Alessio, resultan interesantes como ejemplo de la bronca juvenil frente a la impunidad de los que han cometido atrocidades durante los años del golpe. La agresividad de la canción se explica, en primer lugar, por la experiencia devastadora de ser un hijo de desaparecidos en la Argentina de hoy y, en segundo lugar, por el carácter mismo de la música rap que se basa esencialmente en una actitud de denuncia, de desahogo y de acusación. Esto implica el uso de jerga juvenil y de expresiones fuertes como malas palabras y metáforas sexuales o escatológicas que en otra forma artística hubieran sido no aceptadas. La canción tuvo mucho éxito entre un cierto tipo de público y, mientras ha sido muy criticada por otro, fue uno de los primeros ejemplos que los entrevistados mencionaban como representativo. Esto significa que, después de todo, estas chicas iracundas han marcado el imaginario colectivo, por lo menos durante un tiempo y hacia un cierto target. Leamos entonces el texto de esta canción para luego analizarlo:

 

Hijo de desaparecido

Dientes apretados, cara contraída

Vómito atrancado por la sangre endurecida

Se oculta tras tu cara que parece apagada

y la llama de tormento que se esparce como lava

Su vida lleva un peso, el peso más pesado

El sueño de la muerte y el silencio perpetuado

Su vida lleva un peso, el peso más horrible

El trauma de la muerte, el silencio que persigue

 

Y no es feliz aunque sonría

Porque no debe ni debería

Aceptar su circunstancia sin dejar de reaccionar

Por la nube cegadora que la mierda quiere instalar

Torturada en el silencio que no para de quemar

La conciencia perseguida aunque la quieras dominar

Está mi cuerpo aprisionado tanto odio ingerido

Y tus ojos agachados pretendiendo que no haya

Río de sangre río que quema

Las almas pidiendo reacción en tus venas

Enfermos los que no quieren ni mirar

Y la sangre no les hierve al ver al ver la saliva en el

Muerto

Escupidos por cada uno que los nombra

Insultados como si fueran una sombra

Algo ilegal clandestino dudoso

Mejor es no meterse en terrenos arenosos

Di que no te quema el asesinato

Y que hubieras preferido mantenerte en un cuarto

Disfrutando de una cena la familia unida

Diarrea en tu plato la comida está servida

De 30000 son los ojos que no dejan de mirar

Al porcino revolcado escupiendo en el muerto

 

Estribillo:

Hijo de desaparecido

Sangre dura coagulada

Hijo de desaparecido

No le importan tus palabras

 

Y los idiotas que recién hoy se hacen los que ven la verdad

Con pretensiones de vendernos su maldita ingenuidad

Son los hijos de puta de siempre

Que cuando pudieron se quedaron callados

Moderados con los hombros encogidos y los nuevos resignados

 

Y yo los odio y los detesto

Y daría lo que sea por seguir sintiendo esto

Porque no quiero calmar lo que sale de mi piel

Porque no quiero calmar lo que pienso que está bien

El asco que me provocan me convierten en monotemática

Quiero reiterarlo con sucesiones matemáticas

La mierda entre nosotros la misma que ayer

Ahora disfrazada para no poderla reconocer

Orgullosa de este odio que pregono

Que me alivia del tormento te quita de tu trono

Mierda sigues aun en el altar

No quiero un consuelo quiero verte tropezar

Y tu sonrisa a mí no me causa gracia

Vivís enajenada y eso es una desgracia

Tantos años de observarte disfrutando

Mientras mi cabeza se estaba incinerando

 

Hijo de desaparecido

Sangre dura coagulada

Hijo de desaparecido

No le importan tus palabras

 

Desde nacidos en la sangre sumergidos

La falta de sonido se convierte en un zumbido

Persiguiendo a la conciencia el instante de la muerte

Histérico sonido que se estampa en mi frente

Atropellada por la melancolía

Igual no dejo de odiarte porque yo si tengo vida

Odio a los culpables a los indiferentes

A los equilibrados y su tibio decadente

Conformistas no quieren reaccionar

Enfrentándose a su pasado solamente en un diván

En mi garganta llevo esta espina

Si no escupo la amargura la amargura me asesina

Y tirado aplastado no te podés despegar

De la neblina depresiva que te quiere suicidar

La nostalgia no te puede hacer salir disparado

Sólo te hace deprimirte y quedar idiotizado

Esperando un alivio un consuelo un placer

Pero así la mente quema y no lo va a dejar de hacer

Opinaste una opinión muy larga

Pero las frases no moderan la asfixia en el alma

Sus lenguas opinando ¡Aaah!

Sus lenguas opinando ¡Aaah!

El zumbido en el cerebro y la tortura de esta carga

Sus lenguas opinando

 

Hijo de desaparecido

Sangre dura coagulada

Hijo de desaparecido

No le importan tus palabras

 

Quizás no te interesa morir asesinado

No es parte de la naturaleza

Y me temo que tu vida lleva un pecado mortal

El silencio de sus bocas es un acto criminal

Desde niña observando la tibieza maricona

De la estúpida conciencia que nos quiso ignorar

Y no condenó como debe a toda la mugre asesina

Liberada a nuestro lado como un vómito campal

Y aunque me pudra en el tormento

Igual no dejo de odiarte porque odiarte es lo correcto

La sangre nunca muere aunque parezca apagada

Mi sangre se calienta cuando veo tu cara

Intelectuales de prestigio queriendo minimizar

Lo que comprime mi garganta y no la deja respirar

Viejas refinadas hablando de corrupción

Las mismas asquerosas pecadoras de omisión

No tienen vergüenza de ser una mierda

Dile a Cristo qué opina de tu denuncia ausente

Sacará su pito y se hará pis sobre tu frente

Mea mea mea culpa

Ahora arrepentido por la opinión pública

Dí que no te quema, dilo abiertamente

Quiero distinguirte cuando estés entre la gente

Dí que no te quema el asesinato

Y que hubieras preferido mantenerte en un cuarto

Disfrutando de una cena la familia unida

Diarrea en tu plato la comida está servida

De 30000 son los ojos que no dejan de mirar

Al porcino revolcado escupiendo en el muerto

 

Hijo de desaparecido

Sangre dura coagulada

Hijo de desaparecido

No le importan tus palabras

 

Verdugo aunque estés suelto

En el último segundo vas a sentir el aliento

De la víctima gritando

Y su grito sin sonido te va a terminar quemando

La sangre correrá por tu cabeza deformada

Condenado de por vida a la conciencia incinerada

La sangre correrá por tu cabeza degenerada

Y el aullido enloquecido dolerá como picana.

 

El texto presenta un uso continuo de palabras como “vómito”, “muerte”, “sangre”, “diarrea”, “pís”, “venas”, “enfermos”, “saliva”, “escupiendo”, todos términos que se refieren al sufrimiento del cuerpo, un cuerpo contraído y devastado por la tortura y la violencia, un cuerpo enfermo que estorba, que segrega líquidos. “Actitud María Marta” quiere, de esta forma, provocar disgusto en su audiencia, impresionar para comunicar la violencia que la dictadura ha ejercido sobre sus padres y la violencia que la misma sociedad sigue ejerciendo sobre ellos mismos en su condición de hijos de torturados.

Se podría hablar de una transferencia de las penas sufridas por los padres en los síntomas de los mismos hijos, los cuales, quizás, catárticamente disfrutan de una experiencia compartida con los padres que nunca conocieron. La canción comunica todo el tiempo una intolerancia dada por la imposibilidad de tragar, de aceptar: “odio ingerido”, “asfixia”, “lo que comprime mi garganta y no la deja respirar” o “en mi garganta llevo esta espina, si no escupo la amargura, la amargura me asesina”, casi como si las chicas de “Actitud María Marta” quisieran justificar su agresividad,  o también imposibilidad de olvidar (la conciencia que quema o que persigue).

El texto presenta referencias a algunos elementos que recurren en las representaciones de los desaparecidos, como el uso de las palabras “sombra”, o “carga” y “picana”, referidas a los instrumentos de tortura, o la expresión “grito sin sonido” o “30.000 son los ojos que no dejan de mirar”, que se acerca a las constantes imágenes de ojos o bocas abiertas que no pueden sacar afuera su horror, o, una vez más, la presencia del agua: "Río de sangre, río que quema".

Las insufribles humillaciones padecidas por los desaparecidos, y a veces calladas en otras manifestaciones artísticas, por el disgusto y el horror que provocan, son, en cambio, protagonistas de estas letras, donde aparecen nombrados muy seguido los términos “tormento”, “peso”, “trauma”, “tortura”. Queda clara también la toma de conciencia del estado de hijo de desaparecido:  “no le importan tus palabras” , o “tantos años de observarte disfrutando, mientras mi cabeza se estaba incinerando”, o aún “desde nacidos, en la sangre sumergidos” o, en fin, “desde niña observando la tibieza maricona”.

Las chicas de “Actitud María Marta” acusan muy directamente a la clase media implicada en los asesinatos y a los presuntos ingenuos que lamentan no haberse dado cuenta antes de lo que estaba ocurriendo; las palabras son muy duras: “y los idiotas que recién hoy se hacen los que ven la verdad con pretensiones de vendernos su maldita ingenuidad, son los hijos de puta de siempre, que cuando pudieron se quedaron callados”, o “Intelectuales de prestigio queriendo minimizar” o “viejas refinadas hablando de corrupción, las mismas asquerosas pecadoras de omisión, no tienen vergüenza”.

Interesante aparece, también, la acusación a la Iglesia (“mierda sigues aun en el altar, no quiero un consuelo quiero verte tropezar”), pero al mismo tiempo un lenguaje tomado en préstamo de la cristiandad, cuando acusan “y me temo que tu vida lleva un pecado mortal”, o, siempre refieréndose a las señoras de clase burguesa que se desentendieron de lo que estaba ocurriendo en los años del régimen militar (1976-1983) “asquerosas pecadoras de omisión”, que confirma un vínculo estrecho con la religiosidad, avalado por la imagen de justicia divina cuando las chicas de “Actitud María Marta”, sarcásticamente, invitan: “Dile a Cristo qué opina de tu denuncia ausente, sacará su pito y se hará pis sobre tu frente. Mea mea mea culpa”. Parece que Cristo, una vez más, esté en defensa de los oprimidos, y cante del lado del micrófono de Alicia y Malena. El sarcasmo, también, es un elemento presente en otras partes del texto, donde las chicas imitan la actitud de avestruz de la clase media durante el proceso: “Mejor es no meterse en terrenos arenosos”. Esta lúcida ironía está, de todas formas, balanceada por un constante recuerdo de la tristeza que implica la condición de hijo de desaparecido: “atropellada por la melancolía”, o los términos “nostalgia”, “neblina depresiva”, “te hace deprimirte” o “te quiere suicidar”, “esperando un alivio, un consuelo, un placer”. Pero el grupo “Actitud María Marta”, que cuenta la desesperación de su estado, también la combate con la rabia de pelear contra la injusticia, y lo afirma, con fuerza: “Y yo los odio, y los detesto, y daría lo que sea para seguir sintiendo esto” y “orgullosa de este odio”, “igual no dejo de odiarte porque yo sí tengo vida, odio a los culpables, a los indiferentes”, e “igual no dejo de odiarte, porque odiarte es lo correcto”.

En fin, el único consuelo que encuentran las chicas de “Actitud María Marta” es la amenaza de un justo castigo para los culpables, algo que todos los artistas que enfrentan el tema de los desaparecidos auspician, pero en este caso expresado con la garra y la determinación típica del medio musical que usaron: “Verdugo aunque estés suelto, en el último segundo vas a sentir el aliento, de la víctima gritando”. La amenaza llena de esperanza que levantan “Actitud María Marta” es una promesa que sabe a venganza: “La sangre nunca muere aunque parezca apagada”.

Otro caso significativo para analizar es el de un conjunto de hard rock salido directamente de los partidos de extrema izquierda que han sido de los más afectados por la persecución militar. Los “Detenido Desaparecido” llevan en su propio nombre el tema central de nuestro análisis. Transcribo un par de textos de su álbum sólo para dar una idea de cómo las consignas de la militancia se han transferido ahora al medio musical para sobrevivir.

 

Asesinos

 

Los padres lloraban, las fotos lo decían

Le cortaron el tiempo, su hijo estaba muerto

Tomaron el poder de decidir sobre su vida

Y tres balas dijeron que ya no seguiría

El descampado, las estrellas y un cuerpo

Testigos mudos de otro crimen absurdo

De noche todos los gatos son grises

Y todos los policías asesinos posibles

Nuestro miedo alimenta su prepotencia,

guardián del poderoso, piojo del sistema

Dando la vida por riquezas ajenas

Cada crimen impune costará tu cabeza.

 

En este texto, como en los dos siguientes, son evidentes los compromisos del conjunto con el partido político que representan. Las tapas de los discos también incluyen imágenes y pinturas sobre represión policial y cautiverios. En este primer texto la canción llamada Asesinos empieza con una descripción del momento de desesperación entre los padres con hijos desaparecidos al descubrir cómo habían terminado. La referencia a la noche sugiere la hora del día más propicia para los secuestros y la frase “tomaron el poder de decidir sobre su vida”, alude a una actitud típica comentada en los informes construidos sobre las bases de los testimonios: los militares empleados como torturadores terminaban creyéndose los dueños de la vida de sus sometidos, ya que podían decidir de su vida como de su muerte. La identificación con Dios, hecha por parte de algunos verdugos, ha sido testimoniada, por ejemplo, por muchos detenidos del centro clandestino de detención “Garage Olimpo”, donde los militares mismos explicaban a los prisioneros que así se le llamaba al garaje porque allí estaban los dioses, encargados de decidir sobre su vida.

La acusación a los policías, que sigue siendo una actitud común cotejable en la mayoría de la población, según mi opinión, como consecuencia de la dictadura, aparece en las líneas: “todos los policías asesinos posibles” o “guardián del poderoso, piojo del sistema, dando la vida por riquezas ajenas”. Los chicos de “Detenido Desaparecido” se atreven, además, a una cuestionable amenaza: “cada crimen impune costará tu cabeza”. La rabia contenida en textos como éstos o el de “Actitud María Marta”, aunque no lo comparta completamente, es un fenómeno que hay que despejar cuando se analizan temáticas que siguen siendo heridas abiertas. Habría que preguntarse a qué nivel estas pretensiones pueden considerarse legítimas y, hasta qué punto se las pueda considerar de algún valor artístico: yo decidí usarlas como testimonio de la reacción que produce el tema en las agrupaciones juveniles apasionadas de música, y, por supuesto, vinculadas a partidos políticos de extrema izquierda.

 

Memoria

 

Este pueblo está perdiendo la memoria

Este pueblo está perdido sin memoria

Este pueblo está perdido, memoria!

Recuerden, despierten, actúen

 

Ésta es una historia para no perder la memoria

Recuerden despierten actúen

 

¡Agosti, Videla, Harguindeguy,

Galtieri, Viola, Lambruschini,

Cacciatore, Lami Dozo, Camps

Menéndez, Suárez Masón, Astiz,

Bussi!

 

El segundo tema citado es interesante, según mi opinión, por su función de toma de conciencia: “Este pueblo está perdiendo la memoria”, afirma la banda  “Detenido Desaparecido”. Se dan cuenta que la Argentina contemporánea demuestra un deseo hacia el olvido que no puede ser permitido por los que han vivido en carne propia las atrocidades de la represión. Este mismo concepto ha sido recordado en varias ocasiones con la fórmula “De la amnistía a la amnesia” donde la patología del olvido es el paso siguiente al perdón de los culpables. El riesgo de esta actitud es denunciado por el verso siguiente: “Este pueblo está perdido sin memoria”. La invitación a recuperar el recuerdo del pasado para que no hayan sido inútiles tantas muertes y la imperativa necesidad de reconocer a los culpables como tales se esclarece en la repetición obsesiva de los nombres de los responsables. Los militares son citados como un refrán macabro. La esperanza es que, como cualquier refrán, queden imprimidos en la memoria de los chicos que cantan, que escuchan la canción por la radio, que aprenden, a veces, más de una canción que de los libros. Se trata de la tentativa de grupos que terminan siendo difusores de unos ideales en los cuales creen, usando como medio de propaganda una canción, para que el mensaje llegue de una forma que quizás no hubiera llegado por otro medio.

 

Mudos, sordos, ciegos

 

El miedo que hoy demuestran

Todos ustedes

Es lo que quedó del terrorismo

De Estado

Que no ves, que acaso no ves

Que están todos

Mudos, sordos y ciegos!

Políticos, civiles, somos manejados

Por el modelo autoritario represivo

del Proceso

Todo un gran modelo de civilización y subordinación

Marcado a fuego!

En todos los recuerdos

Treinta mil ejemplos son más que suficientes

Para que todos aprendan a ser

Mudos, sordos y ciegos!

Me obligaron a crecer imponiéndome mentiras

Con los ojos vendados escondiendo las muertes

Todos te pusieron el alambre de púas

Aún hoy en tu cerebro, imposible de arrancar!

Ey conformista! Estás acostumbrado

A sentir el miedo que te pasaron tus padres

Nada va a cambiar con gente como ustedes

Aplastados como cerdos por hipocresías y tradición. Conformistas!

 

Esta última canción considerada se enfrenta a la temática que volverá muy seguido también en las representaciones iconográficas sobre este tema: la  de los monitos mudos sordos y ciegos. La canción empieza con una afirmación que puede ser, en parte, el resultado de un análisis parecido al que estoy intentando: “El miedo que hoy demuestran todos ustedes, es lo que quedó del terrorismo de Estado”, y más aún, los chicos se atreven a afirmar con decisión que: “somos manejados por el modelo autoritario represivo del Proceso”. Como elementos comunes del imaginario hay que subrayar, por ejemplo, la presencia constante de la cifra 30.000, número poderoso que se fija en las conciencias. La imagen del alambre de púa también es algo recurrente en las pinturas que se refieren a la represión, así como cualquier objeto contundente, hojas de cuchillos, clavos, uñas. En la última estrofa del tema, además, “Detenidos Desaparecidos” se  dirigen directamente a la nueva generación temerosa: “Estás acostumbrado a sentir el miedo que te pasaron tus padres, nada va a cambiar con gente como ustedes”.

La desconfianza hacia el futuro es casi total: no hay, en este texto, ninguna esperanza de mejorar la situación del país, ni que los culpables sean juzgados por la justicia, terrenal o divina que sea. Pero no estamos frente a un texto con resignación: los jóvenes de estos grupos demuestran que la “rabia” guardada por mucho tiempo, que asfixia y quema las entrañas de “Actitud María Marta”, es la misma que provoca amenazas e insultos de “Detenidos Desaparecidos”. La vía para salir de la desesperación es, hasta este punto, la agresividad.

Cambiando totalmente de estilo musical, enfocamos ahora la atención en un grupo musical con muchos años y discos producidos, así como recitales en apoyo a los organismos de derechos humanos y letras de compromiso si no político, por lo menos social. De este grupo destacaría tres temas, dos escritos por el cantante, Flavio Cinciarulo, y otro cantado por la band pero originariamente escrito por Rubén Blades.

 

Matador

 

Me dicen el matador

Nací en Barracas

Si hablamos de matar

Mis palabras matan.

No hace mucho tiempo

Que cayó el león Santillán

Y ahora sé que en cualquier momento

Me la van a dar.

Me dicen el matador

Me están buscando

En una fría pensión

Los estoy esperando

Agazapado en lo más oscuro de mi habitación

Fusil en mano, espero mi final.

Matador, matador

La cana te busca matador.

Viento de libertad

Sangre combativa,

en los bolsillos del pueblo la vieja herida

De pronto el día se me hace de noche,

murmullos, corridas y el golpe en la puerta

llegó la fuerza policial.

¿Qué suena? Son balas

me alcanzan

me atrapan

resiste

Víctor Jara

No calla.

Me dicen el matador de los cien barrios porteños

No tengo por qué tener miedo

Mis palabras son balas

Balas de paz, balas de justicia,

soy la voz de los que hicieron callar sin razón

por el solo hecho de pensar distinto, ay Dios.

Santa María de los Buenos Aires

Si todo estuviera mejor

Matador, matador

No te vayas matador

Matador, matador

 

Este tema presenta la poderosa figura del guerrillero en su emblema de portavoz de un pueblo: el matador del que se habla es una especie de mártir, un héroe, alguien que sí ha matado, pero por la paz y la justicia, (“no tengo por qué tener miedo, mis palabras son balas, balas de paz, balas de justicia”). Su violencia, según parece, es sólo verbal: “si hablamos de matar, mis palabras matan”, y, la velada alusión a los desaparecidos sigue con las letras: “Soy la voz de los que hicieron callar sin razón, por el solo hecho de pensar distinto”. El matador es el alma del pueblo y su arma y, como el pueblo, está infundido de características típicas del imaginario popular, como la religiosidad (“ay Dios” y “Santa María de los Buenos Aires”) y la especificidad geográfica de la cual él se define perteneciente: “Nací en Barracas”, “me dicen el matador de los cien barrios porteños”, así como se nota en la misma invocación al antiguo nombre completo de la capital. El matador es el pueblo, porque el pueblo lo quiere y se lo dice muy claro: “No te vayas matador”, trata de ayudarlo: “La cana te busca matador”, y el propio deseo del matador es que las cosas sean por fin mejores para la gente.

El papel del malo lo interpreta, una vez más, la policía, que llega a poner fin a la vida atrevida del matador. Éste espera la muerte atrincherado en una habitación de hotel, armado, y muere así como se cuenta que murió Salvador Allende, con el fusil en mano, acosado por el enemigo, en su despacho. Otra evidente referencia a Chile es el nombre citado del cantante Víctor Jara, cuando el coro de personas que quieren animar al matador en el momento cercano a la muerte le cantan: “Resiste, Víctor Jara no calla”. En las primeras líneas también hay una referencia al nombrado “León Santillán”, enésimo personaje creado por Cinciarulo para otra canción de “Los Fabulosos Cadillacs”: se trata, en este caso también, de un vengador del pueblo, un luchador por la justicia, o sea, en pocas palabras, otro “matador”. Manuel Santillán, a punto de morir, dice palabras muy significativas en la canción: “Nunca se olviden que el llanto de la gente va hacia el mar. Van al mar, van al mar, llanto, dolor, sufrimiento, de un pueblo que se ahoga en el mar”. El eterno espectro del mar vuelve.

Se ha querido ver, en la figura de Santillán, la representación de personajes reales cuales Roberto Santucho (del ERP) o Ernesto Guevara pero, más allá de ser un individuo destacado, Manuel Santillán es el emblema del guerrillero mártir, expresión de un deseo del pueblo reprimido que necesita héroes. El matador y el León Santillán, van más allá de una canción, son verdaderas figuras míticas. El éxito impresionante que tuvo esta canción, en Argentina así como en el exterior (el magnífico vídeo del tema ha ganado premios internacionales en las categorías de música latina en los MTV Music Awards del 1994) demuestra cuánto la gente se ha identificado con lo que canta Cinciarulo. He comprobado, por mi propia experiencia, la difusión enorme de esta canción entre un público de todas las generaciones, además de que, por la calidad misma del estilo de música que la hace agradable para bailar y festejar, se ha convertido en un clásico durante las fiestas de cumpleaños de 15 y de bodas. Esta canción fue la que abrió el mercado comercial a “Los Fabulosos Cadillacs”, quienes, sin duda, siguieron con temas conectados a mi objeto de estudio aun en los álbumes siguientes. Otro ejemplo de esto es el tema Mal Bicho.

 

Mal bicho

Vos que andás diciendo

Que hay mejores y peores

Vos que andás diciendo

Lo que se debe hacer

Escuchá lo que te canto pero no confundir

Es de paz lo que canto

Que me habla de privilegios,

de una raza soberana,

superiores, inferiores, minga de poder

¿Cómo se te ocurre que algunos son elegidos y

otros son para el descarte?

Ambiciones de poder, es malo tu destino que

Cambió tu camino, que marcó tu camino,

la canción que es valiente, es canción para siempre.

Como dijo mi abuela, aquel que no corre vuela,

en el planeta somos tantos, ay como pueden ser tantos,

en la escuela nos enseñan a memorizar fechas de batallas

pero que poco nos enseñan de amor.

Discriminar, eso no está nada bien,

antes los ojos de Dios, todos somos iguales.

Sos el que hace las guerras,

dictas falsas condenas,

el que ama la violencia,

que no tiene conciencia,

nunca piensa, nunca piensa,

no cuida ni su alma.

Mal bicho, todos te dicen que sos,

mal bicho, así es como te ves.

¿Por qué vas lastimando a quien se ve distinto,

imponiendo posturas siempre con mano dura?

Vos tenés para el abrigo,

otros mueren de frío,

sos el que anda matando,

el que va torturando.

Yo no voy, yo no voy, yo no voy

A la guerra, a la violencia,

a la injusticia, y a tu codicia,

¡Digo no! ¡Digo no! ¡Digo no, digo no, digo no!

Paz en el mundo.

 

En este tema, la referencia a los militares es mucho más velada y se entiende que estamos hablando de desaparecidos escuchando las frases: “Sos el que anda matando, el que va torturando”. Además, el video grabado para este tema muestra unas escenas que están inequívocamente vinculadas al imaginario sobre los desaparecidos: un personaje está atado a una silla, en una celda gris y la sangre está en todos lados, como si fuera torturado. La denuncia que mueve esta canción de Cinciarulo tiene otro tono con respecto a los textos examinados de “Actitud María Marta” y de “Detenido Desaparecido”: “Los Fabulosos Cadillacs” empujan hacia la serenidad, aunque no dejen de pedir justicia (“digo no a la injusticia, a tu codicia”, “ Escuchá lo que te canto pero no confundir, es de paz lo que canto”, y “paz en el mundo”). La canción encara el tema de la discriminación y de la educación argentina que no contempla temas de la actualidad sino da estériles nociones (“en la escuela nos enseñan a memorizar fechas de batallas pero qué poco nos enseñan de amor”).

“Guerra”, “mano dura”, “conciencia” y “falsas condenas” son otras palabras claves en las canciones sobre los desaparecidos. La canción además, produce un efecto catártico, en la estrofa final, cuando, al ser cantada tanto en recitales organizados por organismos de derechos humanos o en otros, todo el público hace coro: “¡digo no, digo no, digo no, digo no, digo no, digo no a la injusticia!”.

 

Desapariciones

 

Que alguien me diga si ha visto a mi esposo

Preguntaba la doña

Se llama Ernesto y tiene cuarenta años

Trabaja de peón en un negocio de autos

Llevaba camisa oscura y pantalón claro

Salió de noche y no ha regresado

Y no sé ya qué pensar

Pues esto antes no me había pasado.

Llevo tres días buscando a mi hermana,

se llama Altagracia igual que la abuela,

salió del trabajo para la escuela,

tenía puestos unos jeans y una camisa blanca,

no ha sido el novio..

el tipo está en su casa

no saben de ella en la policía

ni en el hospital.

Que alguien me diga

Si ha visto a mi hijo

Es estudiante de medicina

Se llama Agustín y es un buen muchacho,

a veces es terco cuando opina,

lo han detenido, no sé qué fuerza

pantalón blanco camisa a rayas

pasó ante ayer.

Ooohhoho hohhooh

Anoche escuché varias explosiones

Tiros de escopeta y de revólver,

autos acelerados, frenos, gritos,

ecos de botas en la calle,

toque de puertas, quejas, por dioses, platos rotos,

estaban dando la telenovela

por eso nadie miró pa’ fuera

¡Avestruz!

 

¿Adónde van los desaparecidos?

Busca en el agua y en los matorrales

¿Y por qué es que desaparecen?

Porque no todos somos iguales

¿Y cuándo vuelve el desaparecido?

Cada vez que lo trae el pensamiento

¿cómo se llama al desaparecido?

Con la emoción apretando por dentro.

ue alguien me diga

si

Este tema, escrito por el cantor mexicano Rubén Blades, ha sido llevado al éxito mundial por el conjunto rock mexicano “Maná”, y la versión que hicieron “Los Fabulosos Cadillacs” es mucho más salsera. El texto aparece muy claramente como la afanosa búsqueda de familiares de secuestrados que describen a sus desaparecidos como si hubiera todavía una posibilidad de encontrarlos vivos en algún paradero. Esta posibilidad ha ido haciéndose mucho más débil con el pasar de los meses y de los años. La trágica tramitación de los familiares era la denuncia de la desaparición en las más cercanas comisarías (“no saben de ella en la policía ni en el hospital”). La canción cubre a varios casos de parentesco: un marido desaparecido, o una hermana, o un hijo, o una madre. En todos casos las letras comunican el desconcierto al encontrarse frente a algo completamente nuevo, desconocido (“y ya no sé qué pensar, pues esto antes no me había pasado”). La estrofa final, en cambio, dibuja la típica escena de los rastreos policiales, cuando los vecinos escuchaban las claras señales de las patotas secuestrando pero intentaban no hacerle caso: esta actitud torpemente evasiva (“estaban dando la telenovela, por eso nadie miró pa’ fuera”) se sintetiza en la palabra “Avestruz”. En fin, las preguntas que aparecen en el estribillo podrían ser las que un niño les hace a los mayores. Las respuestas hacen referencia al siempre presente elemento del agua, al cual se refiere como único sitio (el Río de la Plata) donde pueden estar los cadáveres de los desaparecidos y se entrega al recuerdo como única forma de hacer sobrevivir al secuestrado. El amor y la memoria de sus amigos y parientes son lo único que lo pueden salvar de una desaparición más cruel, y más definitiva: el olvido.

Ya hemos visto cómo algunas bandas de hoy han tratado el fenómeno de los desaparecidos en su producción artística, pero la mirada hacia los cuatro conjuntos mencionados sería parcial si no tomáramos en cuenta decenas de otros grupos y letras interesantes para analizar que, en este artículo, me limitaré a mencionar a grandes líneas.

Las Madres, por supuesto, han dado lugar a muchas canciones a ellas dedicadas, y, para citar algún ejemplo, “Los Caballeros de la quema” les han escrito Madres, así como “Los Calzones”, en su disco Mugre (2000), les han cantado el tema Noche de pañuelos blancos (2000): “Quiero imaginarte hoy blanca y serena, largas noches de agonía te hacen temblar”. Siempre en el mismo Lp, en la canción Sangre en sus manos (2000), “Los Calzones” hacen referencia a la imagen constante de los cadáveres en el agua, con la expresión “ríos de gente, sueños congelados”. Otro tema recurrente es la falsa ingenuidad de la clase media que pareció despertarse de un profundo sueño cuando todo el mundo se enteró de los crímenes que habían sucedido. A este propósito son para citar un tema de “Los Twist”, Pensé que se trataba de cieguitos (1987), y otro de los “Attaque 77”, Canción inútil (2000) (entre las letras: “Van dos meses que no lo he vuelto a ver y esos hijos de puta dicen “Algo habrá hecho”. Aunque eras muy pequeño lo supiste igual, hijo y sangre de un desaparecido, en la calle pide a gritos juicio y castigo. Tinta roja y escrache en la pared”). La represión, además, ha sido encarada por otros cantantes, no sólo en sus letras, sino durante entrevistas también. “Los Violadores”, por ejemplo, acusan: “Represión a la vuelta de tu casa, represión en el kiosco de la esquina, represión en la panadería, represión 24 horas por día”[11].

El conjunto “Bersuit Vergarabat” es de los más comprometidos en la lucha de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo. Muy a menudo han tocado durante recitales en beneficio de estas organizaciones y han producido, en particular, un par de temas muy estrechamente conectados con el asunto de los desaparecidos además de haber hecho todo un álbum intitulado Vuelos (1996, Polygram) como el libro homónimo de Horacio Verbitzsky[12] (desde las letras: “Ya mis ojos son barro en la inundación” y “Espuma de miedo, viejo apagón/ Y la bruma rebota siempre hacia aquí” ).

Otra band que enfrentó en una de sus canciones el tema, en particular, de la amnistía fueron los “Kapanga”, conjunto porteño nacido en el 1989, quienes así explicaron la necesidad de hacer salir en el mercado discográfico su tema Los indultados: “Quisimos que la gente sepa con nombre y apellido quienes fueron los culpables del genocidio de este país. Cuando hicimos el video, no lo pasaban, teníamos el tema hacía dos meses sonando en la «Rock and Pop» y no nos pasaban el video, nos decían que era muy fuerte... Muy fuerte no, pelotudo, es la verdad, decíamos nosotros. Son imágenes de archivo, de las que veíamos por la tele, de los milicos, de la represión. Lo fuerte es que haya pasado, no verlo por la tele. También logramos que a muchos pibes de entre 12 y 15 años que no les enseñan en la escuela qué fue la dictadura, le pregunten a los padres quién era Massera. En una nota por la tele vimos que un pibe de 15 años decía que Massera era una heladería...y te querés matar cuando escuchás eso.”[13].

Un caso distinto, pero que cabe mencionar, es el CD “Le chant du coq” (1985) del “Cuarteto Cedrón”, conjunto que toca tangos cantados e instrumentales, que, en este CD, ha musicado textos de Juan Gelman, noto poeta afectado directamente por la represión. La producción del disco es francesa y muchísimo valor tienen sus músicos entre los cuales encontramos a Juan Cedrón y Paco Ibáñez.

La importancia de esta experiencia, desarrollada en el exilio durante los primeros años de la democracia, está en el hecho de que el tema de los desaparecidos es de esta forma dirigido a un target de audiencia muy distinto de los examinados en precedencia: el tema de los desaparecidos entonces ha contaminado estilos musicales que normalmente se consideran muy lejanos de cualquier compromiso social. Analizaremos aquí las letras de cuatro canciones del CD mencionado: la primera, Ruidos, presenta referencias muy directas al momento del secuestro: “Esos pasos ¿Lo buscan a él?/ ese coche ¿Para en su puerta?/ Esos hombres en la calle ¿Acechan?/ ruidos diversos hay en la noche”. Las líneas reflejan el estado de terror producido entre los vecinos del barrio. También en el tema Cambios se presenta la historia de un prisionero injustamente encarcelado y se pregunta: “ ¿Por qué hay tantos hombres y tantas mujeres tristes en el país?”; la tristeza queda como marca común para todo el pueblo. Gelman escribe, acompañado por el bandoneón: “ ¿En furor va a dar la tristeza de los pobres del mundo?”, una pregunta que es una esperanza, un deseo. Y, en fin, una solemne declaración de voluntad en un pueblo herido: “Nosotros no solamente queremos la igualdad en la muerte/ también queremos la igualdad en la vida/ queremos la justicia en vida/ aunque sea corta y larga la muerte”.

La referencia a una tragedia compartida con todo el país está también en el tema Glorias: “Son preguntas inútiles para este invierno/ no se las puede echar al fuego para que ardan/ no sirven para calentarse en el país/ ni sirven para calentar el país helado de sangre”.

Elementos ya comunes al imaginario colectivo se conectan con vocablos como “sangre”, “sábanas” y el acontecimiento de Trelew[14] a menudo mencionado: “¿Acaso no está corriendo la sangre de los 16 fusilados en Trelew?/ Por las calles de Trelew y demás calles del país no está corriendo esa sangre?/ ¿Hay algún sitio del país donde esa sangre no está corriendo ahora?/ ¿No están las sábanas pegajosas de sangre amantes? […] ¿No suelta acaso resplandores de ejército mudo bajo la noche del país?/ Con sangre verdaderamente están regando el país ahora”[15]. La llamada “masacre de Trelew” ocurrió en 1972: 16 detenidos políticos fueron fusilados por los militares en esa ciudad argentina. Se trataba de unos guerrilleros que se habían fugado de la cárcel de Rawson, luego de matar a uno de los guardias. Los fugitivos llegaron al aeropuerto de Trelew y ahí se atrincheraron tomando como rehenes a los pasajeros en tránsito. Seis de los jefes guerrilleros lograron escaparse desviando un avión de línea hacia Chile, dejando al gobierno del general Lanusse en un estado de gran desconcierto. Los otros fugitivos terminaron rindiéndose a la policía que les disparó sin piedad matándolos a todos.

El último tema que tomaremos en consideración, Cartas, cuenta la conmovedora historia de una parturienta: «una tela donde la camarada escribe “el día 20 de abril a las 20.05 nació/ el chiquito que esperé cuidé defendí tanto tiempo contra” escribe/ contra la oscuridad que está en algún lugar de las bestias contra/ la oscura bestia la picana los golpes al vientre donde él/ “que defendí tanto tiempo” escribe “con la colaboración de todas/ ustedes mis compañeras y amigas” escribe y cuando el/ día 24 (lunes) lo acostó por la noche y lo pasó a su cunita/ “sus ojitos no se abrían ni lo harían jamás” escribe/ actalectasia pulmonar hemorragias dijeron los médicos “los/ golpes la picana la violación la cárcel de su madre” escribe/ el niño “fue testigo y mártir de la causa y héroe” escribe». El texto menciona palabras directamente relacionadas con el cautiverio en los centros clandestinos de detención: la madre del bebé ha sufrido torturas con picana que han causado una malformación al hijo quien muere a los pocos días de haber nacido. El drama de las detenidas embarazadas y de sus hijos encuentra un lugar para ser expresado en este particular estilo de música también.

Conclusiones

La producción musical de los últimos 30 años se ha dedicado a la comprensión y al debate de los problemas sociales y políticos de Argentina de una forma constante y con obras muy bien logradas. En particular, después de los primeros secuestros y desapariciones tras el golpe de marzo de 1976, el mundo de la música también ha querido testimoniar la injusticia, y lo siguió haciendo hasta ahora, de una forma bastante variada, según los distintos géneros (rap, metal, salsa, pop, tango) que hemos tomado como ejemplo.

Desde la “nueva trova” de los años ‘60, pasando por los chilenos Violeta Parra y Víctor Jara, la nueva canción comprometida, acompañada por las consignas militantes, ha sido la banda sonora de tiempos de cambios, de rebelión contra la opresión del “onganiato”, o la masacre de Trelew. Los cantores (León Gieco, Mercedes Sosa) de los años 70 y 80 se comprometieron en la defensa de los derechos humanos y contra el indulto y sufrieron en carne propia  la persecución. En los ‘80, con la democracia, empiezan a concretizarse en las letras algunos elementos fundamentales como la injerencia de Estados Unidos en los males de Argentina (por ejemplo, en algunos versos de Víctor Heredia: “Hay banderas que son símbolos de muerte/ desplegadas contra un cielo de inocentes,/ como águilas de pronto alzan su vuelo/ sobre el tierno corazón de nuestras gentes”) o la “cristificación del desaparecido” (en muchas letras de Ignacio Copani como: “Pobre Jesús herido y encapuchado/ Judas sabrá por qué desapareció/ Pobre Jesús, la cruz no está en ningún lado/ nadie la vio/ María gira que gira buscándolo/ y a Barraba el gobierno ya lo indultó”). Los años ‘90 acompañaron memoria con bronca en las letras de los grupos jóvenes y crearon personajes míticos de guerrilleros (Los Fabulosos Cadillacs).

En los temas nacidos como respuesta a la represión, así como en los más recientes, los elementos que se repiten con frecuencia son los mismos que encontramos en las otras artes que se ocuparon del tema; en mi investigación sobre las artes plásticas, el teatro y el cine he detectado algunos elementos recurrentes como: ojos abiertos y bocas que gritan, cuerpos torcidos por el sufrimiento pero sin rostros, como títeres, las Madres y sus pañuelos o las detenidas embarazadas sufriendo torturas, juegos de palabras y símbolos de la patria manchados de infamia, militares culpables como los Estados Unidos o la Iglesia que a su vez maltratan hombres símbolos de la justicia como el “Che” o Cristo identificados con los desaparecidos. Escultores, pintores, fotógrafos, arquitectos, directores de cine y de teatro, así como la gente común en sus murales, expresan la necesidad de hablar del tema, de interiorizarlo, de compartirlo. La actitud común es la esperanza de todos estos artistas y la necesidad de derribar el muro de silencio levantado por los órganos gubernamentales, la lucha contra el olvido, vivido como una enfermedad que aqueja toda la nación. Las temáticas, entonces, son las mismas, pero en el caso de la música, tal vez, estos temas son expresados con una brutalidad mayor, con la violencia estremecedora típica de la palabra, que va más allá del poder concientizador de las imágenes: puestas en escena, fotogramas, y pinturas pueden concretizar una idea personal del artista y transmitirla al imaginario de la audiencia, pero lo que sale es siempre un producto concreto, limitado, ya “digerido” y controlado, mientras el poder de las letras musicales, así como el de la poesía, es su total apertura a la imaginación de cada uno; las palabras son chispas que encienden, en cada conciencia, imágenes personales que cada uno de nosotros considera las más importantes, las más dolientes.

Hay sin embargo que destacar también que el lenguaje usado por algunos grupos rock como “Actitud María Marta” o “Detenido Desaparecido” es grotesco, a veces hasta vulgar, y aparece muy lejano, por ejemplo, de el usado en otra forma artística: la poesía. Es importante subrayar la diferencia que ocurre entre letras poéticas y letras de rock. Tomaremos como ejemplo los textos de dos reconocidos poetas argentinos para notar las diferencias en empleo de vocablos y actitudes. En su obra antológica Interrupciones 1 y 2, publicada en 1997 por la editorial Planeta en Buenos Aires, Juan Gelman metaforiza la dramática situación argentina con una delicada y atractiva metáfora: “Estamos mirando la noche/ hacia el lado por donde sale el sol” (Nota XIII). Estas líneas infundidas de esperanza son el logro artístico de un poeta cuya experiencia personal está muy estrechamente conectada a la represión de la dictadura: el hijo del poeta fue secuestrado y sigue siendo desaparecido al igual que su esposa, quien estaba embarazada. El dolor de un padre, su frustración frente el secuestro del hijo, trasparece tiernamente en las líneas de la Nota XIV: “ ¿Estás vivo?/ ¿Estás muerto?/ ¿Hijo?/ ¿Vivimorís otra vez/ otro día/ como moriviviste estos tres años en un campo de concentración?/ ¿Qué hicieron de voz/hijo/dulce calor que alguna vez niñaba el mundo/ padre de mi ternura/ hijo que no acabó de vivir?”. Como se nota, el punto de vista, aunque sea interno al dolor como en el caso de “Actitud María Marta”, ya que en los dos casos se habla de experiencia directa del duelo de la desaparición, el sufrimiento se comunica con un registro distinto, que sin embargo no pierde fuerza, al contrario, toca directamente cuerdas íntimas, da pena y produce bronca al mismo tiempo: “Hijo que nadie hará otra vez/ golpeo las puertas de la muerte para desalojarte de hechos que no te corresponden” (Nota XX) y además .... Dicho esto, hay que añadir sin embargo que muchos de los versos de Juan Gelman conservan, en un plano temático, ese compromiso militante y esa bronca combactiva que se encuentra muy claramente en las canciones analizadas de “Actitud María Marta” o “Detenido Desaparecido”. Un ejemplo de esta actitud compartida lo encontramos en el poema Nota XV: “Empezamos temprano a criticar los e/horrores de la conducción nacional/ el sectarismo/ el triunfalismo/ el militarismo fatal”, o, en Corriendo hacia la mar: “La miseria/ esa que me orinaba los rincones/ la vencíamos observando al enemigo/ reuniéndonos/ discutiendo militarmente/ ideológicamente/ políticamente/ sol mío/ hijo”, y en Solísimos: “Agua como espereanza/ donde morir es facil/ y empezó el misterio del mal olor/ el mal olor subía de cenizas podridas, el mal olor cubrió a los compañeros como nube/ al país”. Juan Gelman también entonces denuncia un país “torturado/ callado” en tono altamente poético aun si a veces sin metáforas, concreto y al mismo tiempo evocador.

Al fenómeno de los desaparecidos se ha acercado también la obra poética de Jorge Boccanera, importante poeta comprometido argentino, quien enfrenta el tema en su antología Marimba, editada en 1986 por Editorial 21 en Buenos Aires, con un tono liviano y emotivamente impactante al mismo tiempo. Ejemplo de esta forma poética es su poema Límites: “Mi pueblo/ limita al norte con bolivia y paraguay/ al este con brasil el océano atlántico y uruguay/ al oeste con chile/ y luisa/ se pudre en una celda de dos metros por uno”. La vastidad del territorio argentino hace de espejo a los angustos límites de los cautivos, la absurdidad de las detenciones, el horror de la tortura que aparece hasta en poemas no directamente conectados al tema pero que tienen entre sus vocablos claras referencias a la dictadura como en Contra el bufón del rey, donde destacan palabras como “dientes apretados”, “trapo blanco”, “ahorcado”, “cuerpo” y “jaula”, que no son muy lejanos de los usados por “Actitud María Marta” o “Detenido Desaparecido”.

Por esta razón, también, podemos considerar “Actitud María Marta” o “Detenido Desaparecido” como un puño en el estómago a los escuchas, seguramente molesto y a veces rechazado por el público, pero lo he analizado como acto extremo de las posibilidades del arte. Al mismo tiempo la muy diferente temple de las canciones de “Los Fabulosos Cadillacs” y otras bandas como los “Bersuit Vergarabat” demuestran cómo un tema tan devastador para la nación como el de los desaparecidos se haya insertado ya en la cultura local, creando figuras mitológicas o, por lo menos, fortaleciéndolas, haciendo entrar, de esta forma, el asunto de los desaparecidos en las fiestas callejeras, acompañadas, a veces, por las murgas. Esta forma de festejo popular es, en sí, muy significativa: una de las primeras medidas del gobierno militar fue suprimir el carnaval y cualquier forma de desahogo para el pueblo que no fuese el patriótico fútbol; la murga, entonces, asume el rol de denuncia, movilización y conciencia. Por esta razón las murgas de los distintos barrios de la capital porteña acompañan casi todos los festivales convocados por Madres y Abuelas, quienes se convencieron que la cultura rock es el camino perfecto para conectarse con la generación involucrada en la búsqueda de su identidad.

Estos festivales, a los cuales asistieron hasta 80.000 personas, se desarrollaron en su mayoría en la Plaza de Mayo, lugar que tiene una fuerte carga simbólica más allá de la presencia de las Madres, ya que ahí está todo el poder: el poder del gobierno en la Casa Rosada, el poder de la Iglesia en la Catedral Metropolitana, además del poder económico de los tantos bancos presentes.

Los cantantes de los ‘80, las bandas contemporáneas, los festivales y las murgas, testimonian la necesidad de una clarificación judicial que, en este caso, los mismos jóvenes exigen: quizás la música sea el arte más difundido y apreciado entre los jóvenes y su aporte a la concientización es fundamental. También podríamos añadir que, durante los primeros años de democracia, a medida que los partidos políticos iban perdiendo representatividad entre los jóvenes y declinaba el auge de la militancia, la juventud argentina encontró un canal de identificación y de expresión en el rock en general y en algunos de los grupos que mencionamos, por su posición ante los medios y el sistema mercado-negocio. La transferencia de lo político a lo musical se ha debido entonces al carisma de los músicos, así como su coherencia en los discursos, en contraste con la dudosa honestidad de los políticos argentinos de los últimos 15 años. Y no se trata sólo de músicos con letras explícitamente comprometidas sino con una atmósfera más general aun en esas bandas, como por ejemplo los “Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota”, que, en lugar de abordar un lenguaje panfletario y de “protesta” gratuita, prefieren describir algo en términos estéticos y usan en las letras un simbolismo con un concepto de fondo pero dejando lugar a las distintas interpretaciones que pueda tener el receptor. El conjunto rock “Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota” lleva un par de décadas haciendo un rock condimentado con metáforas sofisticadas mezcladas a lenguaje común: sus textos son de los más interesantes. Vale la pena citar algunos ejemplos para entender cómo algunos músicos contemporáneos critiquen la sociedad argentina y estén comprometidos con un cambio radical de la gestión del país aun con canciones no tan directas.  Del álbum Lobo Suelto Cordero Atado (Cielito Records, 1993) quisiera destacar algunas letras que pueden ser interpretadas como protesta contra la violencia, los encarcelamientos injustos,  la represión policial: “No le robaba nunca  a nadie/ a nadie en especial/ ganó un orzuelo de tercer ojo/ y su nariz sangró/ No hubo caricias para su celo moro/ y ahora mira crecer las flores desde abajo”. El protagonista de este texto, aunque inocente, viene golpeado y es enterrado sin piedad. Otro personaje, el “Botija Rapado” que da el título de la canción, se fuga de la cárcel como lograron hacer algunos sobrevivientes de centros clandestinos de detención: “Estuvo grabando paredes/ un rato antes de fugar/ del cepo a la bolsa de la vieja Colonia Berro/ y tarareando su la-lan/ quiso pilotar sus sueños/ y pasó la raya”. Pero el elemento más presente en los textos de los “Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota” es la recurrente violencia en una Buenos Aires despiadada y cruel: “El último show no murió casi nadie/ se fue vacío el furgón de los fiambres” dicen en “Lavi- Rap” o, aún: “Nuestro miedo helará este infierno, creo./ Sopla un viento frío en la ciudad” en “Perdiendo el tiempo”. Quien habla en las canciones, lo hace siempre como un acosado, como quien huye para no ser secuestrado, o  aplastado por la sociedad, por un enemigo invisible que se encarna en el Estado: “Me acaban el cerebro a mordiscos/ bebiendo el jugo de mi corazón/ y me cuentan cuentos al ir a dormir” dicen las letras de “Yo, canibal” donde la acción de los medios de comunicación es la de anestesiar a los espectadores. Una referencia quizás más directa al fenómeno de los exiliados, por ejemplo, puede ser encontrada entre los renglones de “Buenas Noticias”: “Llegan buenas nuevas de los escondidos/ de los convalecientes para los sonados”, pero hay que tomar estas interpretaciones con sumo cuidado, pues los textos de los “Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota” son simbólicos pero al mismo tiempo cerrados a cualquier fácil interpretación. Las palabras sonjuntadas con fingida casualidad y conceptos aparentemente muy lejanos pueden descubrirse aliados para transmitir una precisa sensación. En otro álbum, Luzbelito (Cielito Records, 1996), se podrían citar más ejemplos pero me limitaré a otros 2 temas. En “Me matan, Limón” se subraya el cansancio del pueblo argentino de soportar crueldades: “Nuestra gente, ¡no!/ baila y canta, ¡mi Dios!/ no quiere escuchar.../ cumbias y merengues crueles otra vez...”, y, en fin, en “Rock yugular” se suman todas las temáticas principales de la música de los “Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota” en los versos: “Rara vez esta vida tiene sentido, amor/ y así ves que hasta mi sombra brilla en esta ciudad/ Caen, caen al fin, caen los disfraces/ caen desnudándote/ mientras unos fantasmas, fieles amigos/ ríen de vos y se roban tu fe./ Vas copiando tu herida sobre un pañuelo rojo/ y ya sabés que jugando al borrego te van a carnear”. Una ciudad oscura se recorta detrás de la melancólica toma de conciencia de la inevitable injusticia; sin embargo, los fantasmas regresan y las máscaras que ocultan la verdad son destinadas a caer.

Otro rasgo que quisiera destacar, para finalizar estas reflexiones, es cómo la actitud, en la mayoría de los textos considerados, sea de agresiva búsqueda de lo positivo, llegando, en algunos casos, casi a la amenaza, demostrando la convicción de estar en lo correcto y queriendo prometer un juicio, divino o terrenal que sea, a los culpables de tantos delitos. Esta certidumbre optimísta me ha parecido mayor en este aspecto artístico, comparada con los otros que he analizado previamente y la actitud de los músicos se podría sintetizar en la siguiente frase pronunciada por el cantante de los “Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota”: “Somos el miedo de los gobiernos que mienten en nombre de la verdad. El miedo del poder militar, económico y jurídico que impide la comunicación humana de pueblo a pueblo […] Somos el miedo de quienes nos adiestran a ser corteses cuando alguna institución nos pisotea […] Somos el viejísimo miedo agazapado en todos los rincones del imperio y estamos encantados. ¡Encantados!”[16].

 

DISCOGRAFÍA

Actitud María Marta, Hijo de desaparecido, Polygram, 1996.

Cuarteto Cedrón, Le chant du coq, Polygram, 1995.

Detenido Desaparecido, Hunden América en sangre nativa,  Juventud Perdida, 1999.

Los Fabulosos Cadillacs, El león, Polygram, 1995.

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Lobo Suelto Cordero Atado, Cielito Records, 1993.

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Luzbelito, Cielito Records, 1996.

 

BIBLIOGRAFÍA

Libros y ensayos

Anguita, E., Caparrós, M., La voluntad, Editorial Norma, Buenos Aires, 1998.

Averlock, E., A., Dike. La nascita della coscienza, Laterza, Bari, 1981.

Benjamin, W., L’opera d’arte nell’epoca della sua riproducibilità tecnica, trad. it. de E. Filippini, con una introducción de C. Cases, Einaudi, Torino, 1966.

 

Caraballo, L.,  Charlier, N.,  Garulli, L., La dictadura. Testimonios y documentos, Eudeba, Buenos Aires,1998.

Innis, H., Le tendenze della comunicazione, Sugarco, Milano, 1976.

Moretti, F., Segni e stili del moderno, Einaudi, Torino, 1987.

McLuhan, M., Understanding media,  McGraw-Hill, New York, 1964.

Ong, W., J., Interfaces of the word, Cornell University Press,  Itaca, 1977.

 

Artículos en revistas

- Dal Monte, A., entrevista por Maldonado, A., en “Lee-chi”, Buenos Aires, noviembre 1997.

- De Bonafini, H., en “Clarín”, Buenos Aires,15 de agosto de 1997.

- De Bonafini, H., en “Clarín”, Buenos Aires, 4 de abril de 1996.

- Kapanga, el antihéroe nacional, en la revista “H.i.j.o.s”, Ediciones de los H.i.j.o.s,  Buenos Aires, septiembre 2000.

- Nadal, F., E., entrevista por Schteingart, P., en “Clarín”, Buenos Aires, 4 de abril 1996.

- Solari, I., ¿Cuánto te pagan por izar la bandera? , en “Cerdos y Peces”, Buenos Aires, julio 1990.

 

 

 



[1] McLuhan, M., Understanding media,  McGraw-Hill, New York, 1964.

[2] Ong, W., J., Interfaces of the word, Cornell University Press,  Itaca, 1977.

[3] Innis, H., Le tendenze della comunicazione, Sugarco, Milano, 1976.

[4] Averlock, E., A., Dike. La nascita della coscienza, Laterza, Bari, 1981.

[5] Benjamin, W., L’opera d’arte nell’epoca della sua riproducibilità tecnica, trad. it. de E. Filippini, con una introducción de C. Cases, Einaudi, Torino, 1966.

[6] Moretti, F., Segni e stili del moderno, Einaudi, Torino, 1987, p.441.

[7] De Bonafini, H., en “Clarín”, Buenos Aires,15 de agosto 1997.

[8] De Bonafini, H., en “Clarín”, Buenos Aires, 4 de abril de 1996.

[9] Dal Monte, A., entrevistada por Analía Maldonado en “Lee-chi”, Buenos Aires, noviembre 1997.

[10] Nadal, F., E., entrevistado por Pablo Schteingart, en “Clarín”, Buenos Aires, 4 de abril de 1996.

[11] Volantes de las Madres, Edición Madres de Plaza de Mayo, Buenos Aires, abril 1997.

[12]  Verbitsky,  H., El vuelo, Planeta, Buenos Aires, 1995.

[13]  Kapanga, el antihéroe nacional, en la revista “H.I.J.O.S.”, Ediciones de los H.I.J.O.S.,  Buenos Aires, septiembre 2000.

 

[15] Libretito del CD “Le chant du coq” (1985) del “Cuarteto Cedrón”.

[16] Indio Solari, ¿Cuánto te pagan por izar la bandera? , en la revista “Cerdos y Peces”, Buenos Aires, julio 1990.